Letras verdes sobre fondo negro. Me siento obligado a escribir sobre Akira y Neotokio, o sobre Blade Runner (Los Angeles, 2019). Todavía no hay replicantes en los campos de Marte (ni bailes en Marte, para decepción de Radio Futura y T.Rex), pero la ingeniería genética da pasos agigantados y (¿quién sabe?) en una de esas sí habrá víboras sintéticas en siete años. Tengo la idea de que lo que hace de Blade Runner un filme sobresaliente son sus detalles: la lluvia continua, el restaurante chino, lo aburrida que se ve la cotidianeidad de Deckard. La gabardina sucia, las explosiones en el cielo a las que nadie hace caso. (El futuro nos alcanza a cachos, la vida es normal siempre). Los detalles, un guión fenomenal y la improvisación de Rutger Hauer al final (sí, es improvisado). Pero los detalles son los que me importan ahora, porque no quería hablar de Blade Runner, aunque siempre sea una buena ocasión para hacerlo, y más teniendo letras verdes.

Quería hablar de Paul Madonna. Dibuja, y publica semanalmente en el San Francisco Chronicle. Paul Madonna es chévere. Y también atiende los detalles, los atiende muchísimo. Sus viñetas tienen mucho de dibujo arquitectónico, de sentarse en un lugar y registrarlo, sin más; casi siempre son un sólo cuadro, casi siempre los mismos tonos. Va por su ciudad, ve un rincón, y dibuja, usa poco texto y muchas veces lo esconde. Es muy intrigante, desde un punto de vista formal, evidente, en que se salta todas las convenciones de la narración gráfica y se sale con la suya, pero también de un modo no tan analítico: parece estar revelando las historias ocultas. Todos los lugares tienen historias, hasta los más nuevos. Es cosa de saber inventárselas y agarrar un buen ángulo, como Ridley Scott.

Raygun Gothic Rocketship, Embarcadero, San Francisco

Raygun Gothic Rocketship, Embarcadero, San Francisco

 

Se puede uno pasar horas en el archivo del periódico, o en su sitio. Pero a las 8 es el debate de #YoSoy132.

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