El sábado 24 murió Jorge. Jorge era un buen tipo, solitario, nunca se le conoció pareja. Llevaba desde 1974 siendo el último superviviente de su especie, la tortuga gigante de las Galápagos, de la variedad de isla Pinta. Jorge el solitario, le decían. No sé de otra especie de la que se pueda decir “se extinguió el día tal a tal hora, de un paro cardiaco”. Es una cosa muy fuerte. Siempre el cambio climático y la depredación habían estado allí, pero en el fondo, nunca con tanto detalle. Entristece, mucho. Da para pensar (Darwin quizá vio al abuelo del tortugón), en dos generaciones de ellos se acabaron, pero también desarrollamos la sensibilidad para que nos entristezca una tortuga a miles de kilómetros… Habría que hacerle un réquiem. De menos una playlist.

Saludos, Jorge, y tú que estás leyendo, hagas lo que hagas, no votes por Peña Nieto.

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