Uno, el muchacho de la UP, médico, que estaba en la asamblea en las islas, la primera, con su bata, tomándose en serio, saludando a la bandera. Uno visible, y sus amigos, sus compañeros. Estudian en la universidad del Opus Dei, en la misma que estudió Peña Nieto, y quizá hasta habrían votado por él. Pero dicen “así no”, con medios manipulados no, con compra de votos no, con amenazas no. Güero hasta la palidez (como yo), evidentemente acomodado, reaccionario, patriotero, pagado de sí mismo, y con los güevos de ir a meterse a la UNAM y decir “estoy con ustedes, con nosotros”. Es admirable. Es al que no hay que hacerle bullying. Sí, hay que hablar con él, sí, hay que convencerlo de que la lucha de clases, de que el sistema, de que no es sólo los medios, es el neoliberalismo, de que todo lo demás (igual que hay que todo eso con las familias, y con los vecinos, y con el güey de la tiendita, y con el lavacoches que vendió su voto). Pero no hay que pendejearlo, porque no es pendejo, y porque él no nos pendejeó, todo lo contrario. Y ahí es donde está la esperanza.

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